Tal vez, si cualquier bípedo pudiese volar,
los recuerdos dejarían de ser tan terrenales
y reconocerían las marcas espirituales,
tan elevadas como la quinta balda de estantería
que desconcentra nuestro acceso
y
a verdades escritas que nunca alcanzaremos
y así,
a inventar los juicios de valor
y que me deis la razón
porque para mi es lo mas importante.
Y si,
cierto es,
que la cabeza no es bípeda
y si
puede
volar